
Hace años me gustaba hablar por hablar sin mucho sentido, solo por el hecho de disfrutar de una tertulia. No era muy consciente de mucha gente se sentía incomodo con esta actitud. Supongo que esto dependia de la gente con la que intentara entablar una conversación. El caso es que yo daba por válido a cualquiera para profundizar en cualquier tema que saliera o que propusiera sin proponermelo. El caso es que con el tiempo me fuí dando cuenta que lo sesgado de la información que tenian mis contertulios sobre el tema a debatir provocaba en mi un chorro de datos que tenia en mi cabeza y que yo daba por obvios para cualquier persona medianamente informada. Esto provocaba una reaccion de defensa inmediata basada en tópicos del tipo, "vas de listo", "te crees que lo sabes todo", "eres un engreido", etc. Incluso una de las veces me llamaron prepotente, lo cual en vez de molestarme me pareció el mayor de los halagos al conocer la persona que me lo dijo el significado de la palabra. Con el tiempo, en mi proceso de normalización, deje de proponer temas de conversación que se salieran de las cosas que habiamos hecho ese dia, lo que ibamos a hacer mañana, futbol y pechos de tias. Pasaron los años y un dia me dí cuenta que mi proceso de normalización (idiotización) habia concluido cuando en un arrebato producto de la rutina conversacional diaria me dio por intentar proponer un tema de conversación que pasara del metro de profundidad. La paralisis de mis neuronas creativas por la falta de uso me impidio pensar algo ocurrente y me dio por pensar que por fín era uno más de la masa. Desde ese día intento regenerar mis neuronas con actividades como este blog aunque no se si llegaré a tiempo...
